Nuevas Compañías

Nuevas compañias

Riss llevaba horas emboscando a un emboscado. Uno al que se le deba muy mal lo que estaba haciendo. Solo una persona muy despistada pasaría por alto aquella armadura negra mate y aquel pelo antinaturalmente rojo. Pero el mayor problema era su actitud. Todo él exudaba empeño en esconderse y alguien medianamente perceptivo oiría su tensión desde lejos.

Aquello le hacía gracia. Le atraía, del modo insano que los accidentes mortales atraen a las multitudes. Que aquel guerrero se acariciara de tanto en tanto  la muñeca y suspirara sólo aumentaba su encanto. Era como si el pobre llevase en la espalda la marca amarilla que entre los raterillos de su ciudad significaba “panoli”.

De hecho, aquel hombre tenía todos los números para morir.

Le pareció oir la Voz de la Diosa de nuevo. “Salva tres vidas y serás salvado”. Suspiró. ¿Acaso tenía otro remedio? Si había alguien en este plano que diera la bienvenida a todo tipo de baza para seguir vivo, era él. Además, era tan simple como evitar que se suicidara.

Se acercó al guerrero por la espalda. Estaba siendo sigiloso – era algo natural en él – pero si hubiese sido un jabalí en estampida, habría dado lo mismo. El hombre sólo tenía ojos para el camino. Estaba tan concentrado que Riss se permitió trepar al árbol más cercano y sentarse sobre una rama gruesa, prácticamente sobre su cabeza pelirroja.

–Bueno ¿A qué estamos esperando, amigo? –dijo socarronamente.

El guerrero se envaró y lanzó a Riss una mirada larga, evaluativa, con la que pretendía saber si el joven era peligroso, pero también transmitir una amenaza. Desde su asiento en la rama, Riss sitió una aprensión instintiva que no supo definir. Tal vez se había equivocado y aquel hombre no necesitaba ayuda.

Los hombros del pelirrojo se relajaron ligeramente mientras su vista volvía al camino.

–A una recua de esclavos –dijo con voz ronca.

La sonrisa de Riss desapareció por completo. Saltó de su rama y se puso al lado del guerrero.

–¿Esclavos? Están prohibidos desde antes de la Revolución

El guerrero soltó un bufido divertido y condescendiente

–Te sorprendería la cantidad de cosas que no deberían seguir existiendo y que aún pululan por ahí, chico. – Un brillo intermitente captó la atención de los dos.  –Ahí vienen – terminó  con una sonrisa inquietante.

Riss frunció el ceño. No es que imaginara cómo debían ser los esclavistas, pero aquellos reflejos no podían significar demasiadas cosas y ninguna era lo que había esperado. Armaduras pesadas bien lustradas, lo que significaba soldados entrenados y bien equipados, o estandartes metálicos, lo que implicaría que estaban bajo la protección de poderosas casas nobiliarias. O incluso peor, estandartes de cristal. Si eran de cristal, probablemente habría al menos un mago de combate.  En todo caso, lo que se avecinaba le inspiraba la misma confianza que la palabra de un Oeshi.

–¿Qué sabes de esos esclavistas? –La voz de Riss sonó más insegura de lo que había calculado. El guerrero arqueó una ceja.

–Absolutamente nada.

RIss le miró y se contagió de aquella sonrisa segura y afilada.

–Veo que eres todo un estratega. Como a mi me gusta.

Hizo un gesto vago de despedida y se escabulló entre la maleza. Al guerrero no pareció importarle. Su plan de todos modos no contaba con ningún joven aventurero.

Lo que vio Riss en el camino, desde su puesto entre las copas de los árboles, sí que cuadraba con la idea que tenía de unos traficantes de esclavos. Personas que en algún momento fueron asaltadores de caminos, cuatreros o, en el mejor de los casos, mercenarios. Hombres y mujeres que habían sido realmente duros, pero que la vida había masticado para escupirlos luego. Algunos habían sido derrotados por sus heridas, otros por sus adicciones, algunos por algún rival que los había despojado de su honor o su reputación. Todos tenían la misma mirada de hastío. La mirada de los aquellos que ya han perdido suficiente. Tenían por única ilusión vivir un día más y, tal vez, poder beber hasta perder el sentido otra vez. Contó media docena de  guardias para un grupo de unos veinte esclavos.

No había una sola armadura pesada. Ningún estandarte. Nadie validaba o protegía a aquellos hombres. Riss sintió un pinchazo en el pecho. Le costó unos momentos identificar que se trataba de un difuso orgullo.

Los presos –se negaba a pensar en ellos como esclavos– eran todos hombres. Estaban atados entre sí por las cinturas formando una especie de racimo de derrota. Los había jóvenes y ancianos, había varios todos de pelo, distintas pieles, pero la misma mirada vacía. No se buscaban entre sí, sólo caminaban en silencio.

En la parte media de la recua sobresalía un hombre. Caminaba mucho más erguido que los demás y la parte derecha de su cabeza lanzaba destellos metálicos. Sólo cuando se acercaron más Riss se dio cuenta de que una parte importante de aquel hombre estaba moldeada en metal inserto en la carne. El que brillaba estaba en la cabeza, pero también se veía en la cara, el cuello y al menos un brazo. Aquel hombre no estaba derrotado, estaba resistiendo.

Al final del grupo, rodeado por dos guardias, había otro hombre. Era muy alto, y tenía los huesos fuertes, marcados en su mandíbula y pómulos. Su mirada se perdía en el horizonte y daba una sensación general de cierta estulticia, una fuerza sin cerebro. Aquel hombre sin embargo no estaba derrotado ni se dejaba guiar como ganado. Aquel hombre estaba esperando.

El guerrero pelirrojo salió a mitad del camino con pasos elásticos, bloqueando el camino. Era un solo hombre, pero su presencia imponía como si fuera un pequeño ejército.  Riss preparó sus cuchillos arrojadizos. La triste comitiva se acercaba al pelirrojo, que llevó su mano lentamente a la empuñadura de su espada. Una de las dos guardias de la cabeza, una mujer de cabello rubio sucio con una cicatriz que le cortaba el labio, se adelantó para hablar con el guerrero. Estaba demasiado lejos para escuchar la conversación, pero Riss se dio cuenta de que no estaba siendo cordial. La tensión se dejaba ver en la postura de ambos, y era tan patente que incluso los presos se removieron inquietos.

El guerrero desenfundó su espada con un gesto calculado que la hizo soltar un gemido funesto. Al tiempo, la esclavista se llevó la mano a la parte baja de su espalda y blandió un alfanje, corto pero robusto.  Ambos contendientes se midieron unos segundos antes de abalanzarse el uno sobre el otro.

El resto de guardias también desenfundaron sus armas. Dos de ellos –uno de cada grupo, como un movimiento ensayado– avanzaron para apoyar a la esclavista que contenía a su oponente con eficacia, pero con esfuerzo. En ese momento el hombre metálico, que en la mente de Riss ya se llamaba Hombre de Hojalata, agarró del cuello con una mano centelleante al guardia que quedaba y lo alzó sin esfuerzo. Éste pataleó unos segundos antes de caer al suelo, desmadejado.

El golpe del cuerpo de su compañero llamó la atención del puesto de retaguardia, un hombre de melena ensortijada tan negra como su piel. Dio dos pasos  temblorosos en dirección al cadáver. El hombre gigantesco sonrió muy lentamente98i. Pasó la cuerda que le unía al resto de los esclavos sobre la cabeza del hombre que llevaba días burlándose de el y apretó con saña hasta que sintió que sujetaba un peso sin vida.

La situación para el guerrero pelirrojo era más peliaguda. La esclavista rubia había recibido unas pocas heridas superficiales, pero aguantaba apoyada por sus compañeros. El guerrero tenía que repartir su energía para bloquear los golpes. La rubia atacaba con toda la fuerza de su diestra. A su lado, un espadachín zurdo de barba rala mantenía al pelirrojo a distancia con un acero recto de gran tamaño. Estaba flanqueado por los otros dos guardias: una mujer robusta de piel olivacea que atacaba con dos hachas dobles y un hombre extremadamente delgado de pelo pajizo que parecía usar dos espadas cortas con movimientos amplios pero rápidos.

Riss lanzó su mejor daga, que se incrustó en el cuello del esclavista rubio. Éste soltó sus armas y buscó el cuchillo con las manos justo antes de caer. Riss no pudo evitar una mueca de disgusto. Había fallado el tiro.

La distracción permitió al guerrero pelirrojo superar la defensa del hombre de la espada larga, despachándolo de una estocada en el corazón. En ese momento una de las hachas de la más baja de las esclavistas que quedaban se enganchó en una junta de la armadura del guerrero. Éste apretó los dientes mientras seguía defendiéndose de las embestidas furiosas del alfanje. La esclavista morena plantó su pie sobre las costillas del guerrero y estiró. Una pieza de armadura del brazo del guerrero salió despedida. El pelirrojo lanzó un grito preñado de dolor.

–¡Bastarda! –gruño mientras se giraba hacia a ella. Riss creyó ver un reflejo rojo en sus ojos.

El guerrero arremetió de frente, seguro de la superioridad de su blindaje. Alcanzó a la  esclavista morena y cerro su brazo desnudo alrededor de su cintura. En ese momento la mujer comenzó a gritar de dolor. La esclavista rubia aprovechó que el pelirrojo le daba la espalda para alzan su arma. Riss lanzó su segunda daga, que se estrelló contra la hoja del alfanje.

La mujer morena comenzó a arder. Sus gritos agónicos y el olor de la carne quemada colapsaban los sentidos de todos los que estaban cerca. Su compañera tuvo que contener  nauseas y  lágrimas al tiempo.

Riss saltó de su rama con dos dagas en las manos, dispuesto a dar el apoyo que hiciera falta. El guerrero pelirrojo soltó el esqueleto carbonizado de la mujer de las hachas y noqueó a la otra con un golpe seco con el codo, aprovechando su conmoción. Quedó tendida en el suelo, con la parte izquierda de la cara ensangrentada.

El guerrero recuperó su pieza de armadura y se la colocó con un gesto de alivio. A continuación, hincó una rodilla en el suelo al lado de la mujer inconsciente.

El grandullón, que se había arrancado las ataduras, se acercó pesadamente a la esclavista rubia y le hundió la cabeza de un pisotón.

–¿Por qué has hecho eso, bestia estúpida?– gritó el pelirrojo –. La necesitaba para encontrar a Blythe.

El Hombre de Hojalata, que se dedicaba a cortar las ataduras de los demás esclavos, levantó la cabeza al oír aquel nombre.

–No necesitabas –gruñó el hombretón –. Tu dices “bestia estúpida”. Ellos piensan también. Y hablan. Bestia estúpida sabe cosas. –Sonrió beatíficamente.

El hombre de Hojalata se acercó al guerrero pelirrojo, que volvía a acariciar la trenza de cabello que llevaba en la muñeca.

–Esa trenza es suya, de Blythe –dijo suavemente –. Reconozco el engarce que la cierra… ¿De qué conoces a mi hermana, guerrero?

El pelirrojo le mantuvo un momento la mirada. Parecía incómodo, sin saber qué responder. Un movimiento a la espalda de aquel hombre parcheado de metal le llamó la atención.

–¿Dónde crees que vas, Bestia? –recriminó el guerrero al hombre gigante, que se iba en silencio.

El hombretón no le miró ni ralentizó su marcha. Simplemente siguió su camino.

–No le llames Bestia –dijo Riss, evaluando al grandullón –. Puede que les llamen monstruos, u ogros, pero las personas como él son humanos. Completamente. –El hombretón se paró para mirarle. El joven le sonrió. –Tendrás familia. Y un nombre, ¿a que si?

–Ceim. –Se pensó la siguiente respuesta. –No hay familia.

–¿A dónde vas, Ceim?

–Al oeste. –De nuevo pareció pensar si decir lo siguiente. –No hay familia, pero hay amiga. La llevaron con las otras chicas. Ceim la busca.

Riss se giró para mirar a los otros dos hombres. Dibujó una sonrisa encantadora.

–Parece que los cuatro tenemos el mismo camino.  Personalmente, no pienso dejar que unos bastardos trafiquen con la gente. Y no se a vosotros, caballeros, pero a mi me encantaría teneros por compañía.

Se estaba arriesgando. Aquellos hombres eran extraordinarios y le vendrían bien en el oeste. Y eran tres, como decía la Voz de la Diosa. Aunque él no los había salvado, precisamente. Quería la ventaja que suponían todos aquellos músculos extra. Y en el fondo, sentía que molestar en todo lo posible a unos esclavistas era lo correcto. Podía venderlo como lo que hiciera falta. Observo la actitud de cada uno, y le sorprendió intuir que su bravata estaba calando.

Los cuatro se miraron entre sí y, uno a uno, asintieron. Irían al oeste juntos.

–Alguien debería acompañar a estos hombres a su casa, ¿no os parece? –comentó el guerrero refiriéndose a los hombres recién liberados.

Los cuatro se miraron. Ninguno quería dar a ese rodeo, pero tampoco querían decirlo.
Un anciano se adelantó de entre el grupo de presos.

–No os preocupéis por nosotros. Sabemos volver.

El resto de ellos asentían con un murmullo de aprobación. Riss les sonrió. Se acercó al anciano y le puso una mano sobre el delgado hombro, en un gesto de apoyo.

–Gracias. Vuestro valor salvará a los vuestros –le dijo suavemente.

–Ten cuidado, chico. Vas a viajar con tres monstruos –respondió el anciano con preocupación –. Yo no querría.

 

Los cuatro se dirigieron hacia el oeste. Sabían que había muchas cosas temibles en esa dirección. Sobre todo si llegaban a las Ciudades de los Muertos. Riss se quedó un poco retrasado, junto al guerrero pelirrojo.

–¿Puedo preguntarte algo? –comenzó.

–Suéltalo, chico.

–Riss –corrigió él –. Mi nombre es Riss. – Tomó aire. –¿Eres un dragón?

El caballero soltó una risita

–Muy perspicaz. Si. Soy un Caballero Dragón.

Riss le miró de nuevo, parándose en el color de su pelo y el brillo casi febril de sus ojos

–Pensaba que ya no quedaba ninguno.

–Ya te lo dije. Te sorprendería la cantidad de cosas que no existen y que aún andamos por ahí.

Riss se humedeció los labios, dubitativo.

–Y es verdad que, sin la armadura….

–¿Nos quemamos? –terminó el guerrero –. Si.

–Oh –respondió Riss, pensando en lo mucho que eso podía complicar la relación de su nuevo amigo con su amada.

Anuncios

A la sombra del linaje. Linaje significa esencia.

A la sombra del linaje es un libro corto, salido de las manos de mi autora adoptada. Este libro se puede comprar actualmente en librerías especializadas en autopublicados de Barcelona y, si no me engaña la memoria, Madrid.

51t74x1mHaL._SX331_BO1,204,203,200_[1]Mariana es una mujer sabia, mujer de sanación de los bosques del norte. Lo que llaman una meiga. Y está en una situación peligrosa. En su huida hacia su tierra, se encontrará con una niña que también está huyendo. Una niña que se parece a ella…
Acabar de asumir el trono de tu reino cuando va a estallar un conflicto con los pueblos de las montañas es duro. Pero si además de ser un joven rey necesitas ir al bosque a meditar cada luna llena porque eres un lobo, la cosa puede complicarse…
Aitana es una guerrera. Lo lleva siendo desde los 13 años, y serlo es un gran honor. Pero para ser guerrera ha tenido que renunciar a una parte de si misma…

A la sombra del linaje está compuesto por tres relatos. Tres relatos que aunque en principio parecen no tener relación entre si, más tarde se descubren pequeñas relaciones, además de una línea temática.

Que en una recopilación de relatos se descubra que pequeños detalles los conectan es una de mis debilidades. En este caso, A la sombra del linaje se desarrolla en un único mundo, en un tiempo parecido y en una cercanía geográfica. Un monasterio aparece una y otra vez… y parece siempre el mismo. Personajes secundarios parecen repetirse, aunque no se diga su nombre… E incluso se logra el desenlace final de una historia en medio de otra. Un trabajo complejo de narración cruzada, donde todo fluye con naturalidad y las relaciones surgen sin necesidad de verse forzadas.

Blanca Mart despliega en estas hojas una prosa hermosa, cuidada, de alto valor poético, que recuerda en algunos giros y repeticiones a las canciones tradicionales que hablan sobre personajes destacados. Una prosa que no es siempre prístina, pero que es muy disfrutable. En ella el linaje es una metáfora de la verdadera naturaleza de cada persona, sus capacidades y aquello que les hace felices. Todos estamos a la sombra de esto, y nuestro objetivo es descubrir cuál es esa esencia personal y explotarla para ser uno con nosotros mismos. Cada personaje principal en estos relatos tiene como reto principal éste y no otro.

Sí, A la sombra del linaje es una obra de fantasía. Una obra donde los hombres lobo son nobles y civilizados, los guerreros tienen fuerza para ser mucho más que guerreros y las meigas son personas sabias movidas a ayudar a los demás. Una fantasía heroica donde los héroes no son los que más matan o los que cambian el mundo, si no lo que aprenden y siguen adelante.

Recomendado para: Gente que quiere leer una fantasía diferente, sin tramas pesadas y muy lírica
Abstenerse: Gente que quiere alta o baja fantasía estándar y su dosis de casquería

Título: A la sombra del Linaje
Autora: Blanca Mart
Año de publicación: 2010
Úlitma puvlicación en España: 2012
Editorial: Alfa Eridani

El huevo de achelota

huevodeachelota

Riss pegó su cuerpo contra la pared, deseando ser invisible. Sujetaba contra su pecho el huevo de achelota con mucho cuidado, porque le daba miedo que su propio terror le llevara a soltarlo o apretar demasiado. Parecía tan frágil…

No conocía a nadie que hubiera visto una achelota viva. Era más extraña aún que la albinela gigante, que vivía en el fondo de la cordillera volcánica de Peeazu. Encontrar la puesta había sido un ejercicio de intuición, suerte y confianza ciega en los principios de magia que había llegado a calarle de los monólogos al aire de todos los brujos y sacerdotes que había conocido. Y aún podía perderlo.

Aguzó el oído. Tenía que superar el sonido de su corazón desbocado y su respiración, que parecían llenar por completo el túnel. Estaba seguro de que sonaban voces en la oscuridad. Lo que significaría que las cavernas no eran el lugar salvaje y solitario que había pensado en un principio. Estaban habitados.

Ocultó su fósmima, que llevaba cómodamente colgada de una cadena al cuello entre sus ropas, en un gesto cuidadoso y lento. Hizo algo de ruido pero consiguió mitigar su luz. Eso le dejaría sin la capacidad de ver a quien se le acercara, pero le daba una oportunidad de pasar desapercibido.

Entrecerró los ojos e intentó escudriñar la oscuridad. No oía pasos acercándose, ni el chasqueo de las armaduras de cuero cuando los soldados se movían. Contuvo el aliento y lo dejó salir poco a poco.  Ahora estaba a oscuras y, si seguía sin percibir sonidos, no podría calcular sus posibilidades. Por el ruido de los pasos, Riss hubiese podido saber si los que se le acercaban eran humanos o de otro pueblo. Podría haber calculado cuántos eran. Tendría que confiar en la suerte y seguir adelante cuando se aburriese. Era un pensamiento bastante desesperante.

Se giró para observar la negrura por el otro lado del túnel. Unos ojos enormes de una luminiscencia verdosa le sorprendieron. Unas manos ágiles y fuertes le sujetaron y sintió un golpe seco en su cabeza. La misma oscuridad del túnel inundó su cabeza.

Le despertó la humedad del rocío sobre sus párpados. Estaba al aire libre, a pocos metros de una caverna. Supuso que una entrada a los túneles. Le dolía todo el cuerpo, y supo que cuando se revisase estaría lleno de moratones.

Le habían robado las botas, y también los correajes en los que habitualmente colgaba sus cuchillos, la bolsa de monedas y la caja en la que transportaba su albinela, la especie común que los viajeros usaban para encender pequeños fuegos. Por suerte, había guardado casi todo en la mochila antes de entrar en el complejo de grutas y le estaban esperando en el tocón hueco de un árbol. Sí que había perdido su daga favorita, pero lo superaría.

Se llevó la mano al cuello. Le habían aflojado la ropa por allí también, pero no se habían llevado nada. Su fósmima seguía allí, con su brillo estelar.

El pueblo tagsaidh. Los tagsaidh eran el pueblo de los túneles. Eran ágiles, fuertes y silenciosos. Veían en la oscuridad, y odiaban la luz. Por eso no tenían forjas, ni productos endurecidos al fuego. Tenía lógica que fueran ellos los que le habían sorprendido, y que fueran preferentemente por los cuchillos y los herrajes. También explicaría que parasen al encontrar la fósmima. Algo así era, a sus ojos, peligroso y probablemente anatema. El colgante podía haberle salvado la vida.

Se levantó de un salto. ¡El huevo! Él era impuro y había sido expulsado de los túneles pero, ¿qué habría sido del huevo?

Lo localizó muy cerca de él, tirado a un lado sobre una cama de helechos. Se acercó con cuidado, como temiendo que el sonido de sus pisadas hicieran colapsar la superficie blanda y gelatinosa. Se arrodilló ante el huevo con las manos extendidas hacia él. Desde fuera, el gesto casi parecía religioso. El pulso le temblaba. Estaba aterrorizado. Hasta ese momento no había sido consciente de lo importante que se había vuelto aquella frágil esfera para él.

Cuando lo tocó, el corazón negro del huevo dio un vuelco y la superficie emitió una suave luminiscencia azul.

Estaba vivo. Sano.

Lágrimas de alivio surcaron sus mejillas sin que se diera cuenta, mientras sentía su corazón hacerse más y más grande, a fuerza de amor y agradecimiento.

Las ciudades de los muertos

lasciudadesdelosmuertos

En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos.

Pero la brújula de Seol no dejaba de indicar que su camino estaba en el oeste. Oeste. Oeste. Daba igual cuántos planes hiciera, cuántas variables incluyera. Todo pasaba por el oeste. Maldijo la brújula y al brujo Resmur, que se la había dado. Maldijo a todas las sacerdotisas de Phelis, Diosa de la Verdad, y sus asquerosas profecías. Desesperado le dio un cabezazo al tronco del árbol en el que estaba apoyado. El dolor, caliente y sordo, le hizo arrepentirse de toda aquella línea de pensamiento.

Llevaba un mapa en su mochila. No le gustaba sacarlo por temor a que lo vieran. La mayor parte de los mapas del reino ardieron durante la Revolución del Guía. Los viejos nacionalistas verían en él un símbolo de traición y adhesión a la Orden de Cartografía. Y los más de los jóvenes lo que entenderían es que si tenía algo así, posiblemente también llevara encima huevos de oro, cuernos de avundoz o alguna otra cosa igual de escasa y valiosa. En resumen, era peligroso.

Pero el camino no parecía transitado, y la hora empezaba a ser un poco tardía así que supuso que no habría jornaleros volviendo a casa ni nadie que le sorprendiera. Estaba bastante perdido en la espesura. Se sentó en una roca que tenía un lateral ennegrecido por el fuego. Posiblemente los eventuales viajeros aprovechaban aquel claro para acampar y, ahora que lo pensaba, no era del todo mala idea. Con cautela sacó el envoltorio de cuero flexible que tenía aprisionado contra el espaldar de la mochila y lo desplegó. El mapa se desplegó con él, crujiendo ominosamente.

Riss colocó la brújula sobre el mapa como Resmur le había enseñado. Incluso murmuró la fórmula mágica, aunque en el fondo de su alma creyera que el viejo se lo había inventado. La brújula seguía indicando el oeste.

Oeste, a través del Bosque de Fannor. Oeste, más allá de la antigua ciudad de Thisnis

Decían que había cientos de tipos de muertos en el oeste. Que había algunos que eran cruelmente retorcidos y otros que estaban simplemente locos. Decían que algunos estaban hambrientos y dejaban a los aventureros reducidos a huesos quebrados.

Decían que había algunos que asumían tu forma y volvían para procurarte una muerte pública e infame. Decían que algunos encerraban tu alma en una antorcha y ocupaban tu cuerpo para disfrutarlo, para llevarlo al límite y dejarlo destrozado a un lado del camino.

Decían que algunos se metían en tu mente y te hacían experimentar lo que desearan. Algunos te hacían creer que salías airoso y proseguías tu viaje. Otros te sumergían en un infierno de locura o dolor. Algunos te daban aquello que deseas en el fondo de tu alma. Placer. Amor. Victoria…Mientras tanto disfrutaban de ver tu cuerpo ceder, deteriorarse y morir.

No conocía a nadie que hubiera vuelto de un viaje al oeste. Incluso Cobarde Pete, que había dado la vuelta  poco después de superar Thisnis, se había perdido en las tierras de los muertos. Decían que ahora Cobarde Pete no dormía porque los muertos aullaban en sus oídos. Algunos decían incluso que el día que Cobarde Pete se uniera a ellos, se convertiría en un portal y los muertos ya no estarían confinados en sus ciudades. Decían que Cobarde Pete no había vuelto en realidad.

Riss guardó el mapa en silencio, sintiendo el frio del miedo calarle hasta los huesos. Se marchaba al oeste. Aunque se sintiera vacío y aterrorizado. Aunque al oeste estuvieran las ciudades de los muertos.

Última Batalla: El Señor de las Bestias. Fantasía densa

Erase una vez en una galaxia muy muy lejana, un autor me escribió para preguntarme si haría una reseña de su libro y me indicó que le pidiera un ejemplar a la editorial. Le dije que claro, pero en ese momento le debía una reseña a la editorial que tardé bastante en entregar porque quería hacerla en vídeo… y por tanto tardé mucho en pedir el libro del autor que me había pedido la reseña. Por suerte, éste ha sido más que comprensivo conmigo. Espero que la comprensión siga incluso después de esta reseña. UBSB-P[1]

Esta vez os pondré la sinopsis oficial, porque creo que es su mejor márketing. Hace mucho por el libro.

Un reino en guerra. Una reina amenazada. Un ejército invasor. Un falso emperador. Una batalla del pasado. Un campeón exiliado. Un comandante poderoso. Un traidor impetuoso. Unas armas malditas. Unos dioses olvidados. Y el Señor de las Bestias dispuesto a acabar con todo lo nombrado. Pero hay algo que su voluntad ignora, algo inadvertido también para el resto del mundo: la llegada de un nuevo recluta, el emigrante del sur que hallará el poder y el destino del mundo en sus manos.
Un mundo amenazado por la codicia de un ser maligno se ve sometido a la guerra. Criaturas llegadas de tierras lejanas arrasan las fortalezas de las razas aliadas. Egeo siempre pensó que sería un recluta más, pero el destino y la voluntad de los dioses son impredecibles, y su valor y su honor serán la clave para, llegado el momento, mirar a los ojos del mal y poner a prueba su propia voluntad.

 Egeo será nuestro narrador en la primera parte del libro, un narrador en primera persona que nos da las impresiones iniciales del mundo y de los personajes principales. Egeo es el típico joven con madera de héroe, que tira para lo honorable y es bastante abierto de mente aunque de juicio rápido. Y con esa apertura y ese juicio nos presenta su reino, lo que sabe de la historia del mismo, y los compañeros de aventura. Algunos de ellos destinados a ser sus compañeros poco tiempo y otros que serán importantes hasta prácticamente el final de la historia. 

El grupo de aventura de la parte central del libro queda centrado en un grupo de elite formado por razas estándar de fantasía: enanos, orcos negros, dos tipos de elfos y humanos. Que lucharán con orcoides primero y con ejércitos de sus mismas razas poblados de traidores de su propio ejército. Pero esto es básicamente ambientación. 

De hecho la historia gira alrededor de dos conceptos: la caída moral de los personajes en la guerra por motivos ordinarios o mágicos y la naturaleza de las deidades. Es más, esta exploración nos llevará a cambiar a un nuevo narrador a mitad del texto. Curiosamente ese cambio hace que se pierda una interesante oportunidad de exponer el mundo interno de Egeo y su evolución.

El problema del libro está en la longitud de la obra con relación a su magnitud. Los temas son grandes, la trama en si es bastante recta, pero da para muchísimo más y la obra es corta. El resultado es una narración muy densa. No trepidante ni apasionante, densa. Lo suficiente como para tener la sensación de que detrás del libro hay un agujero negro llevándose páginas. Así, por supuesto, es difícil apasionarse por una historia que por lo demás tiene todos los ingredientes de una buena novela de género. 

Recomendado para: Mentes supernova que iluminen la narrativa. 

Abstenerse: Lectores con otros estímulos cerca, os despistareis casi seguro.

Título: Última Batalla: El señor de las Bestias

Autor: José Loma

Año de edición: 2015

Editorial: Editorial Nazarí

El guardián. Oscuridad en la luz

Que tengo debilidad por la fantasía patria no es un secreto. Que me gusta darle oportunidades a cualquier obra cuya sinopsis despierte el más mínimo interés, publicada o autopublicada tampoco lo es. Esa es mi principal si no única razón para leer El Guardián, que parece ser al ópera prima de un escritor muy joven.

el-guardian-mario-buenaventura Félix Loweda es un joven campesino del reino de Guizuí de 17 años. Su vida es todo lo corriente que puede ser una vida, hasta que pierde a sus padres a manos de una misteriosa criatura de ojos rojos. Él consigue escapar de un modo que no comprende y pero ahora tiene muchas preguntas. ¿Qué era esa bestia? ¿Por qué le perseguía? ¿Y qué era esa aura dorada que le salvó en el último instante? El destino querrá que se cruce con un par de cazarrecompensas a los cuales acompañará en un largo camino lleno de aventuras y peligros. Viajarán a Málidor, la capital del reino, donde Félix encontrará el amor en una joven y el encanto de la lucha por la justicia en su espada. Pero las preguntas que le atormentan siguen allí, y todo a su alrededor se desmorona cuando descubre la gran amenaza que se cierne sobre todo el continente… y que él es el único que, quizás, puede detenerla.

El guardián es una novela de fantasía bastante estándar. El mundo es el típico mundo medieval, sin demasiadas variaciones a los mundos habitualmente utilizados en este tipo de literatura. Eso si, es un mundo casi por entero humano en el que sólo hay una raza extraña. Sociológicamente no hay multiplicidad de pueblos. Ni organizaciones sociales y no se habla de religión (aunque si levemente de folcklore). En resumen un mundo sencillo que si bien parece pensado a nivel geográfico, no termina de ser del todo sólido.

El sistema mágico queda casi sin explicar en tanto a como funcionan los poderes de los reflectores, pero lo que si explica da la sensación de que es una magia ilimitada tanto destructiva (ataque, defensa, mejora física/de percepción) como creativa (curación). Esto convierte a Félix en un personaje demasiado prominente en su mundo.

A pesar de que el protagonista encuentra compañeros muy pronto con los que compartir sus aventuras, la presentación y desarrollo de estos y de su relación queda muy escueta. Paan de ser unos desconocidos a amigos del alma en poco tiempo y lo que se nos dice de ellos da a entender que habría muchas historias que desentrañar, mucho que explicaría en parte los carácteres de los demás personajes y que sin embargo no se explota. Pasa lo mismo con los antagonistas. Y respecto a los intereses amorosos, aunque se alejan ligeramente de los estereotipos debido a los diálogos siguen dentro del ideal romántico: esa razón última por la que luchar. Y no digo que estos personajes no sean fuertes a su manera. Pero incluso los personajes fuertes no beligerantes de la fantasía moderna les dan bastantes vueltas.

La trama está bastante cerrada para ser una primera parte de saga. Es más, se cierra con mucha rapidez y sólo se abre al continuará en una especie de epílogo.

¿Cuál ha sido el gran problema del libro en realidad? El estilo. No es que sea un estilo farragoso, pero si poco fluido que ni nos mete en la piel de los personajes ni se mantiene suficientemente por encima como para dar la sensación de observador externo. Pero sobre todo, le cuesta mantener la atención. Si de cada tres párrafos me dan ganas de saltarme dos es que algún problema con la narrativa tenemos. Como ya he dicho, Mario Buenaventura es un autor muy joven. Tiene tiempo para pulir y desarrollar su estilo y su narrativa y le deseo todo lo mejor porque estoy segura de que llegará.
Recomendado para: novatos en el género y personas que se saben apasionar con una trama a pesar de los pesares.
Abstenerse: Cualquiera que necesite libros que “enganchen”

Título: El guarián
Autor: Mario Buenaventura
Año de publicación: 2016
Editorial: Éride

El Dios asesinado en el servicio de caballeros. Todo hype es malo

Si creíais sinceramente que iba a poder resistirme a un título así (no largo, si no fantasía urbana con mucha mitología) es que no me conocéis en absoluto. Porque al igual que leo libros “just because faerys” también leo libros “because Gods”. No puedo evitarlo. Me puede.

El dios asesinado OK.indd Verónica, alias Parabellum, es una detective de lo paranormal. Que dicho así queda bastante chulo, pero en resumen implica mucho trabajo peligroso junto a un montón de seres raros y poderosos que además tienen muchos problemas entre sí. Como la guerra en ciernes entre los panteones Griego y Nórdico.
Un día Verónica se encuentra en medio de ninguna parte con el cadáver de un Dios en su maletero. No tiene ni idea de qué hace ahí. Y ese es sólo el principio de sus problemas. Porque ella es detective, y no puede dejar pasar un buen misterio, aunque tenga que ocuparse de ello entre caso y caso.
La Barcelona paranormal está revuelta. Dioses, duendes, valkirias, einheriars, centauros, gorgonas… Todo el mundo tiene algo que decir y algo que ocultar mientras se prepara la gran batalla entre los panteones.

El de este libro fue un caso de hype extremo. Lo leí no porque me hiciera gracia (que también) si no porque necesitaba leer la gran obra maestra de la fantasía patria. Y qué decir… el hype es malo. Porque el libro es bueno. Mucho. Pero no tanto.

De hecho, me lo vendieron de tal manera que yo me esperaba un humor británico. Y de eso para nada. Es de un humor mucho más cercano y propio de la península. Lo cual no implica que no sea gracioso. Aunque más un gracioso para ir sonriendo que para pararse porque no puedes dejar de reir. Así que si alguien esperaba una hibridación bastarda entre la fantasía y los monólogos del Club de la Comedia, lo siento por él.

Lo que si tenemos es una construcción de mundo que parece más sencilla de lo que es, en la que Barcelona se puebla de todo tipo de seres de mitologías variadas. Por supuesto, algo trastocados por la modernidad. Pero es de esperar que el mundo actual cambie hasta al más pintado. He oído criticar amargamente este totum rebolutum deidifico. Pero yo he vivido en Barcelona y he conocido personas literalmente de todas partes. Si he podido comer con un indio, un iraní, un holandés, un camerunés y tres españoles a la misma mesa no veo por qué no podría existir esa misma confluencia cultural en el plano de lo paranormal.

Y hablando de lo paranormal… los seres que salen son un buen punto. La colección de armas y otros aditamentos de Verónica, que son como si juntases el arsenal de Buffy con el de los hermanos Winchester mola mucho. Pero lo que más me gusta es el tema de la médium amiga. Igual porque conozco personas que han trabajado en ese sector y se de primera mano cuanto de puede mentir y fingir por cuatro perras. Aunque en ese sentido Arancha sea una aproximación a la médium de Buenos Presagios o al menos responda a la misma idea.

Y es que Morán y yo compartimos algunos referentes que se notan mucho en temas ya explorados por grandes como Pratchett (los Dioses son Dioses por la creencia humana) o Gaiman (el ser humano abandona a los antiguos Dioses pero crea nuevos). Temas que de todos modos no están agotados y que ponen una buena base a una narración bien construida y muy amena de leer. Quien considere estos temas y su desarrollo un error es que no sabe nada de Dioses pero tampoco tiene ni idea de cómo son los humanos.

Verónica Guerra una protagonista compleja, humana, con sus defectos y sus virtudes. Una persona, al final. Y eso es algo que siempre se agradece. Y además tiene un pasado y un futuro muy prometedores en plano de meterse en líos que dan pie a una auténtica saga de “casos de la detective Parabellum” al más puro estilo de las novelas de detectives. O no. Habrá que preguntarle al autor.

En general tenemos misterio y mucha acción, dosis calculadas de drama y humor y muchas trama secundarias algunas no del todo resueltas que dan tridimensionalidad al conjunto. Es, al fin, una muy grata experiencia de lectura. Puede que no imprescindible, pero si altamente recomendable.

Recomendado para: Quien quiera disfrutar de una buena trama de acción y misterio. Frikis de la mitología no demasiado estrictos. Pseudofilósofos de lo paranormal

Abstenerse: Sosainas. Neopaganos con ánimos inquisitoriales. Gente con poca memoria.

Título: EL Dios asesinado en el servicio de caballeros.
Autor: Sergio S. Morán
Año de publicación: 2016
Editorial: Fantascy

Nieve como cenizas. Como nevar en invierno

Nieve como cenizas era una de esas novedades de fantasía juvenil en las que al leer la sinopsis le ves posibilidades. Más de fantasía que de otro género. Así que le di la oportunidad.

28053589 Hace dieciséis años, un grupo de 25 inverneños consiguió escapar de la derrota de su reino a manos del rey de Primavera. El relicario que contiene la magia de Invierno fue partido y ellos apenas pueden sobrevivir refugiados y llevando la vida de unos nómadas delincuentes. Hoy ya sólo quedan ocho de ellos. Dos jóvenes, una huérfana y el futuro rey, se entrenan para luchar contra la magia oscura de Angra, el malvado rey que les arrebató todo.
Meira está dispuesta a hacer cualquier cosa para recuperar el relicario. Su deseo es convertirse en guerrera y liberar a los inverneños esclavizados de su opresor, pero el destino tiene otros planes, y no solo tiene que pelear contra el enemigo sino también contra sus sentimientos, y animarse a creer en ella misma… y en sus sueños.

Voy a empezar por el final. Esta saga es el nuevo Trono de Cristal. La protagonista principal tiene el mismo tipo de historia y secretos y los dos chicos de su triángulo amoroso también parecen cortados por el mismo patrón.Y si, he dicho triángulo amoroso. Porque está historia es tópica en todo punto.

Como ya he dicho la protagonista es la típica del género: adolescente que necesita demostrar y demostrarse lo badass que es. Además su arma es el chackram, igual que Xena la tía más badass en la historia de los personajes badass. Eso ya es una declaración de intenciones. (No voy a ponerme en lo extremadamente complicado que es el chackram, un arma de élite del pueblo sikh el cual es reconocido por sus excelentes guerreros. Podría pero…). De hecho para ser tan badass es exasperantemente insegura y al mismo tiempo demasiado manipulable. En otras palabras, un carácter inestable cuyas reacciones no siempre se entienden.

Pero lo que realmente me disgusta son los detalles del mundo.

Primero el tema de la magia. La magia es un recurso natural que surge de un punto inaccesible de la geografía del mundo. Para usarla se necesita un objeto que sirva de canal. Sólo hay ocho de ellos, cada uno ligado al linaje de cada casa real de los ocho reinos en los que se divide la tierra. Esta es la única limitación de la magia. La persona que tiene el objeto y el linaje adecuado puede hacer lo que quiera. Sin costes. Magia ilimitada. Qué penita.
Por otra parte esta el propio mundo. Conformado por ocho reinos, cuatro de ellos son reinos cíclicos.E s decir, reinos con cuatro estaciones. Los cuatro restantes son los reinos estacionales, en los cuales siempre es una única estación. Una estación extrema y estereotípica difícilmente creíble. Tal vez si se hubieran molestado en generar zonas de influencia climática o una flora y fauna específica o adaptada. No era tan complicado. Entiendo que puedan decir que estoy siendo demasiado estricta. Que la suspensión de la realidad soluciona eso. Y puede que para otro sea así. Pero para mi estos detalles ponen muy en peligro la suspensión de la realidad. He terminado con la sensación de que lo que la autora quería al final era una Elsa y un Jack Frost por pura estética.

Por lo demás la historia es predecible del primer al último punto. No mal llevada, pero si carente de giros interesantes. Si permite pasar el rato, pero sin mayor interés

Recomendado para: Fans del trono de cristal e historias similares.
Abstenerse: Frikis del worldbuilding y geeks furiosos.

Título: Nieve como cenizas (nieve como cenizas #1)
Autor: Sara Raasch
Año de publicación original: 2014
Año de edición: 2016
Editorial: Del Nuevo Extremo

El Aprendiz. Demonio, te elijo a tí.

El aprendiz, primera parte de una saga de fantasía que acaba de editar Planeta, es uno de esos libros que una lee sin ninguna expectativa por que lo venden como lo venden. De hecho, es un flaco favor para un libro que sea “el último fenómeno wattpad”. Sobre todo porque el “fenómeno wattpad” que tenemos como referencia es After. Si a esto le sumas un comentario positivo de la mismísima Anna Todd lo que tienes es que a los amantes de la fantasía les salten todas las alarmas. Y aún así, lo leí.

portada_la-leyenda-del-hechicero-el-aprendiz_taran-matharu_201506291111 Ésta es la sinopsis oficial: Fletcher no es más que un aprendiz de herrero, hasta que un día descubre que tiene el poder de invocar a demonios de otro mundo. Expulsado de su pueblo viajará hasta la Academia Vocans, donde aprenderá el arte de la invocación. Pronto se encontrará en medio de fuerzas poderosas con un único amigo para ayudarle, su demonio Ignatius. Cuando todo el mundo ha movido sus fichas del juego, deberá decidir de qué bando está. El destino de un imperio está en sus manos…
Sinceramente, no me parece la mejor sinopsis, porque deja de lado el drama, la política del mundo en guerra, la lucha de clases y, como diría Pratchett, el especismo.

En principio el mundo podría tomarse como el clásico mundo de fantasía medieval tanto a un nivel tecnológico como de razas. Al fin y al cabo tenemos como grandes enemigos a los orcos y “duendecillos” (quiero creer que eran goblins originalmente y se trata de un fallo en la traducción) y como “razas aliadas” a humanos, elfos y enanos. Sin embargo la realidad es un poco menos bonita. Los orcos han sido presionados por el avance tecnológico humano que desean deforestar sus tierras. Los elfos han sido arrinconados en los bosques del norte y aunque eran los primeros hechiceros han sido apartados de la hechiceria. los enanos han sido sometidos y tratados como ciudadanos de segunda, viviendo en guettos como trabajadores especializados que sólo son respetados por su habilidad como artesanos y por tener la exclusividad de las armas de fuego que nadie más puede fabricar pues mantienen el proceso en estricto secreto. Además de esto hemos de añadir la opresión de las clases altas (ya sean nobles o solamente adinerados) sobre los plebeyos y sus tejemanejes de poder especialmente sobre asuntos económicos. Es decir, tenemos nuestra dosis de conspiraciones y traiciones. Asi que el mundo estandarizado de fantasía se amplía bastante. Además se adentra bastante en diferencias de costumbres y culturas tanto entre humanos como con otras razas, especialmente se centra en los enanos. Y eso es otro punto a favor.

Por otra parte tenemos la magia. Todos los hechiceros del mundo son en realidad demonólogos y la magia se basa en la energía de los demonios: seres de otra dimensión que se dividen por razas que les dan su característica. Cada hechicero tiene una cierta capacidad de manejar energía demoníaca y puede tener tantos demonios hasta llegar a esa capacidad. Es decir, si tu capacidad es 5 podrías tener un demonio de 3 y uno de 2 o 5 demonios de uno… Todo muy videojuego. Todo muy… Pokemon. Es más, es una clara inspiración que el autor reconoce. Lo bueno de este sistema es que de este modo está limitado en tanto a la capacidad individual como a la genérica (hay cosas que puede hacer un individuo y cosas que no, y eso es todo). Y posiblemente una magia limitada y estructurada sea el mínimo que yo le pido a la magia.

Por su lado los personajes son bastante planos y sin apenas evolución. Se basan en tópicos maniqueistas: los nobles o ricos son egoístas y malvados, los pobres son humildes y simpáticos aunque pueden ser manipulables. Los guardias son crueles. Los maestros que son bastardos o hijos menores de familias nobles son amables. Los demás son unos monstruos. He aquí uno de los principales puntos débiles del libro. 

En definitiva, tenía tan poca confianza en el libro que ha resultado una agradable sorpresa: bastante bien hilada, que no olvida demasiados detalles, y con suficiente misterio, conflicto y acción general.
Obviamente es una primera parte, y por tanto deja las cosas en un punto de impacto para hacerte seguir leyendo, a pesar de lo cual cierra bastantes temas y deja sensación de haber leído una obra y no una mínima parte.

Recomendado para: Principiantes en la fantasía con altas exigencias, niños de los 90.
Abstenerse: Si necesitas algún romance para considerar un libro como tal

Título: El aprendiz (La leyenda del hechicero #1)
Autor: Taran Matharu
Año de edición: 2015
Año de publicación es España: 2016
Editorial: Planeta 

El rostro en el Laud. Terror descordado.

El rostro en el Laúd fue la novedad de la editorial Hades que más me llamó la atención del mes pasado.

portadarostro[1].jpg Julia es una historiadora de sevilla obsesionada con su trabajo. Un día descubre una pieza extraordinaria olvidada en la galería de una coleccionista privado que le recuerda una oscura leyenda: un laúd con un grotesco rostro en su interior. Dado su interés histórico, Julia decide comprar la pieza sin saber que esta decisión marcará su destino.

Partiendo de este resumen, la novela podría ser de muchos géneros. Sin embargo adelanto que es una novela de terror. Un novela de terror ligera y corta muy apta para los que temen temer.

La narración está hecha desde tres personajes, tres puntos de vista que van añadiendo ladrillos a la construcción de una historia y una fenomenología paranormal bastante interesante. Por un lado tenemos la narración de Julia, en el presente y en tercera persona. A ella se une la narración de Luis, el hermano de Julia que va a vivir con ella por problemas personales relacionados con su alcoholismo. Narrado en primera persona y en presente es sin duda una voz mucho más personal y cercana. Por último se le une la voz del juglar. El Juglar es el primer dueño del laúd, un hombre pelirrojo que vivió en Sevilla en el siglo XVI. Su parte, de lenguaje arcaizante pero no realmente histórico (gracias por eso) también está escrita en primera persona y transcurre en el siglo XVI. Además se interrumpe a medio libro de forma muy bien argumentada.
La parte del juglar era la parte que introducía la experiencia terrorífica de primera mano más acusada en la historia. A partir de cierto momento esta experiencia pasa a ser narrada principalmente por Luis que es un personaje muy cercano, haciendo que el lector asuma mejor la inmediatez del peligro.

Destaca en esta obra el manejo de esas voces para construir la narración de misterio que subyace bajo la de terror. Aunque el desarrollo y la largura de la novela no permiten pistas falsas y todo cuadra demasiado bien demasiado rápido, esta línea resulta correcta y más que suficiente.

Por otro lado, las atmósferas de terror no están del todo bien conseguidas. Si que se acerca mucho transmitiendo tensión, pero esta se encuentra tan lejos del ámbito de lo cotidiano que la distancia impide la total identificación con el momento que se está haciendo llegar al lector. El total es que no es tan efectivo como podría, aunque para muchos lectores no muy experimentados en el género será perfecto.

En resumen, una muy buena opción de lectura para pasar un rato y variar un poco las lecturas cortas y ligeras habituales. Una experiencia de lectura buena a pesar de unos pocos errores de corrección.

Recomendado para:Personas a las que el terror suele dar mucho miedo pero les llama el género.
Abstenterse: Si valoras muchísimo las atmósferas.

Título: El rostro en el Laud
Autor: M. A. Álvarez
Año de edición: 2016
Editorial: Editorial Hades